What’s up at home?

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La sociedad siempre ha compartido objetos, ideas, y actividades en los espacios públicos como calles, plazas y equipamientos. En el mundo contemporáneo lo hace virtualmente a través de las redes sociales y la tecnología. La innovación en el diseño de la vivienda debe basarse en esta idea de compartir. La “casa” contemporánea no debe exigir nada por si misma sino que debe ayudar como telón de fondo en la vida y promover la acción de intercambio de cada individuo en lo colectivo. Si tradicionalmente el proyecto de la vivienda plurifamiliar se ha abordado desde la dimensión de unos m2 compartimentados de carácter privado, ahora corresponde la generación de un estándar de m2 compartidos (m2C), que apoye la necesidad de intercambio en una sociedad cada vez más heterogénea.

Efectivamente el modelo de familias ha cambiado y ya no es posible pensar un programa de vivienda para dos familias iguales. Cada vez es más frecuente los grupos monoparentales, personas mayores solas que buscan compañía doméstica, grupos de jóvenes que comparten casa, trabajadores autónomos que usan su casa como espacio de trabajo, divorciados, incluso viviendas temporales para gente que trabaja en el extranjero. Pero estas condiciones son dinámicas, es decir, una persona a lo largo de su vida puede ir pasando por varias de ellas.

Un nuevo estándar para el edificio plurifamiliar debe considerar también que la vivienda es un espacio “customizable”, es decir que puede ser personalizado para mostrar los intereses, ideas o “marca” personal.  Los espacios adaptado a las necesidades de cada usuario pero flexible a los cambios en el tiempo, fácil de montar y desmontar, reciclable. En este sentido, nos parece sugerente asociar el concepto de vivienda al de los dispositivos móviles que conocemos. Entender la casa como un espacio que fomenta la vida en comunidad y la mezcla así como contribuye a compartir experiencias personales que estimulan la creatividad y la productividad de la sociedad. El futuro se debate entre la personalización y el sentido comunitario, porque se entiende que la identidad personal mejora y enriquece al ecosistema social, haciéndolo más fuerte.

¿Cómo conseguir nuevos espacios compartidos y que al mismo tiempo podamos personalizar? El éxito de esta sociedad colaborativa y que comparte estará garantizado por el control de la privacidad. Habitualmente utilizamos filtros o bloqueos para controlar en todo momento la privacidad que queremos. Esto que en el mundo virtual cada vez nos es más habitual, en el espacio doméstico no lo es. No tenemos posibilidad de ejercer una gradiente entre lo privado, público, comunitario. Los muros son líneas rígidas que separan el mundo interior del exterior y los huecos acaban siendo pequeñas aberturas para recordarnos lo que sigue existiendo fuera. La oportunidad por lo tanto está en re-pensar esta graduación de la privacidad controlada y personalizada por cada usuario a partir de filtros. Que cada uno muestre y comparta su espacio doméstico personalizado como quiera, dejando de pensar en viviendas genéricas.

 

 La organización del espacio mediante “filtros de privacidad”

En un modelo teórico de vivienda, entendemos que hay todo tipo de actividades desde las más privadas hasta las más públicas que son las que exponemos. De forma casi instintiva tendemos a “arrinconar” aquellas actividades que menos nos interesan para “hacer espacio” a lo que damos mayor protagonismo. Aún así casi siempre nos falta espacio para la realización de actividades que nos interesaría hacer. Por esto proponemos re-pensar los elementos divisorios tradicionales y generar un catálogo de elementos modulares programáticos que se utilicen como filtros de graduación de la privacidad.

Se trata de elementos industrializados de espesor variable con diferentes materiales y formas, y cuyo montaje y desmontaje sería en seco. Con el soporte de un suelo técnico, éstos se pueden mover y acomodar a conveniencia. Cada usuario puede “personalizar los espacios que necesita”, minimizando aquellas actividades que son de soporte a la vida cotidiana y ampliando espacio para aquellas actividades que nos interesa ejercer y compartir.

Kit de filtros:

Hay un grupo de elementos fijos en casa o m2 que se utilizan siempre de una misma manera y que no dependen de la situación en cada momento de la vida, como la cama, los sanitarios, los peldaños de una escalera, etc. Se pueden agrupar según el nivel de intercambio que permiten:

  • Filtros programáticos: más gruesos y contienen funciones como dormitorios, cocina, baños, vestidores, terraza, comedor. Se pueden agrupar bajo una crujía constante (aprox. 2m) y una estructura modular tipo armario se abren o se cierran al espacio doméstico.
  • Pasadores: son los elementos de la vivienda que pueden estar más o menos huecos para separar espacios, incorporar mesas de trabajo, estanterías modulares y almacenaje.
  • Tamiz ambiental: son separadores más finos y permeables según el material y el diseño como jardineras, cortinas, biombos, luces, paneles y celosías.
  • Destiladores de flujos: permiten abrir o cerrar el espacio por medio de puertas, ventanas abatibles, pivotantes, correderas y móviles.

La disposición de los filtros permite tanto organizar el interior de la vivienda como diseñar el perímetro de fachada o contacto con el exterior. Esta envolvente de espesor variable, con mayor o menor transparencia, con mayor o menor apertura genera un nuevo concepto de espacio entre lo doméstico y lo comunitario susceptible de ser colonizado por otras personas siempre con el permiso del usuario. Así, el trabajador autónomo puede convertir parte de su vivienda en un cómodo espacio de trabajo abierto a reuniones con clientes, el artista hacer de su casa un museo, el viudo alquilar parte de su vivienda a gente joven, las familias con niños tener espacio para juegos y poder invitar a otros niños vecinos y muchas situaciones más que constatamos ocurren hoy en día.

Bajo este sistema, queda abierto el planteo de todo tipo de tipologías espaciales y superficies. Ejemplificamos algunas de ellas pero lo realmente importante es que cada usuario puede definir el espacio según sus necesidades de espacio y programa.

 

La comunidad: organización de espacios para todos

Compartir implica pertenecer a una comunidad y el futuro modelo de vivienda debe basarse en facilitar los intereses y expectativas de cada comunidad tanto sociales, como medioambientales o económicas. Desde esta perspectiva, proponemos un modelo de vivienda basado en un proceso abierto que estimule valores como la auto-organización o la gestión colaborativa en donde los arquitectos, promotores y constructores ayuden a una comunidad trabajando con ellos para la definición de los espacios comunes y privados.

 

A la hora de generar una agrupación de viviendas, la comunidad negocia con los técnicos cómo quiere que sean sus espacios desde los más comunes a los más privados y mediante los elementos de filtro se organizan estos espacios a modo de juego abierto dando lugar al diseño de todo el edificio. A lo largo de la vida del edificio, la comunidad puede variar tanto de usuarios como de intereses y el sistema es flexible para adaptar los espacios a estos cambios. De este modo, se construye una suerte de co-housing en donde los habitantes comparten equipamientos, red wifi, espacios de almacenaje y servicios o incluso espacios de biblioteca, guardería, gimnasio o huertos.

El objetivo del modelo planteado es fortalecer las sinergias entre los intereses individuales y los intereses colectivos fomentando una actitud de colaboración y estimulando el intercambio para la aparición de nuevos proyectos comunes.

 

Title: What’s up at home?

Competition: Concurso Solvia Innova

Location: Vivienda teórica

Date: Septiembre-Octubre 2014

Category: Urban/architecture

Organizer: Banco Sabadell

Team: Anna Gutiérrez M., Anna Cases, Alvaro Cuéllar J.,