Reciclar urbanidad

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En el actual contexto de crisis y tras un periodo de vorágine por alimentar las ciudades con arquitecturas “estrella” cuya sensibilidad por construir espacio urbano ha sido muy discutida, nos encontramos en un punto en el que cabe reflexionar sobre el futuro de nuestras ciudades en términos de urbanidad.

Durante las últimas tres décadas, los proyectos de renovación de polígonos residenciales se han mantenido a la sombra de estas arquitecturas de star system. No en vano, en la ciudad de la periferia, a menudo problemática, se necesitan intervenciones que restituyan una cierta calidad  y urbanidad de los espacios urbanos. La preocupación constante por mejorar la calidad de estos barrios y procurar su integración en la ciudad ha dado lugar a distintas políticas de intervención. Primero, con la rehabilitación de viviendas, con un claro énfasis en la mejora de fachadas, redes de servicios e incorporación de ascensores. Luego con la remodelación de los espacios públicos, especialmente en la urbanización de calles, dotación de equipamientos y servicios básicos. Así, estas piezas se han ido convirtiendo cada vez más en un laboratorio donde reflexionar sobre la forma y calidad del espacio urbano futuro.

En esta línea de proyectos desarrollados en los últimos años en Barcelona, es posible advertir un avance hacia un nuevo papel de este tipo de piezas urbanas, más allá de su remodelación y mejora de las condiciones actuales de degradación. Son actuaciones que repiensan la relación entre arquitectura y ciudad bajo una concepción sensata y con una cuidada atención a la componente material de las cosas o lo que M. Solà-Morales reivindica como “urbanidad material”.

En este sentido, podemos mencionar dos casos muy significativos: el reconocido y multipremiado proyecto de transformación del barrio de la Mina y el no ejecutado plan de transformación del barrio de Sant Ildelfons de Cornellá.

 

La remodelación de la Mina: el proyecto de la calle

En el caso de la Mina, la actuación se basa en la proyectación de una nueva calle que los mismos arquitectos describen como un eje de centralidad, diversidad e intercambio. Vinculada a la gran operación del Fórum, la propuesta es una “intervención radical de cortar para volver a coser, pero poniendo una buena cremallera (urbana por supuesto) en lugar de un triste zurcido[1]. El trazado lineal de la calle viene dado por una sección muy estudiada en la que se combina los diferentes medios de transporte –público y privado- con un paseo central para el peatón. Además de una detallada urbanización, se dota a esta rambla tanto de equipamientos como de nuevos edificios de viviendas con plantas bajas comerciales. De esta forma, la rambla es una espina dorsal que da paso hacia los equipamientos y viviendas interiores del barrio.

La forma de organizar el nuevo tejido es a través de nuevas manzanas residenciales construidas con bloques abiertos de varios tipos[2]. El objetivo es dotar de variedad tipológica para acoger diversidad de usuarios y al mismo tiempo, construir ciertas relaciones espaciales entre las piezas que definan espacios públicos y comunitarios. El instrumento propuesto es una ordenanza flexible que no concreta una forma precisa sino que propone una normativa abierta que garantice ciertos elementos invariantes y a la vez, un cierto grado de libertad a la nueva arquitectura. En conjunto, las manzanas mantienen ciertas continuidades pero cada una responde a una disposición diferente de volúmenes con alturas, materiales y tipologías diversas.

La transformación de Sant Ildelfons: el proyecto de la plaza

En Sant Ildelfons de Cornellá, la plaza central del barrio es a día de hoy un espacio de referencia. Es un centro accesible con transporte público y el mercado es uno de los equipamientos más activos de Cornellá. Sin embargo, por sus dimensiones y morfología, el estudio considera que hay un déficit en cuanto a espacios de relación social[3] y que es necesario introducir verdaderos espacios representativos y de calidad, que actúen como puntos de regeneración de todo el conjunto del barrio. La propuesta propone una consolidación de la plaza central como espacio de identificación del barrio mejorando su urbanización y añadiendo equipamientos y nuevas piezas de terciario. En base a este espacio central, se definen una serie de plazas vecinales que dotan a los diferentes fragmentos del barrio de otros equipamientos necesarios y nuevas tipologías de viviendas. Estos nuevos núcleos se plantean con geometría regular de dimensiones significativas en relación al espacio central. Y cada uno de ellos acoge al menos un equipamiento de necesidad para la comunidad. El objetivo es que la construcción de los nuevos espacios libres suponga la oportunidad de definir una nueva identidad colectiva.

Además de plantear una cuidadosa rehabilitación y ampliación de las viviendas existentes, la propuesta recurre al derribo de algunos tramos de bloques con el fin de construir nuevas tipologías que complementen y otorguen cierta referencia geométrica a los nuevos espacios[4]. Cabe resaltar que se trata de un barrio con una disposición de bloques bastante compleja y por este motivo la intervención es distinta para cada unidad vecinal. Los nuevos edificios combinan vivienda, plantas bajas comerciales y plantas de terciario además de los equipamientos.

 

La construcción del espacio colectivo

Reciclar comporta recuperar, -¿reinterpretar?-. En ambos casos, la recuperación de la relación amable entre arquitectura y habitantes pasa por poner el máximo esfuerzo en la construcción de un espacio público de referencia de alta calidad en su urbanización. Retoman los conceptos tradicionales de calle y plaza como los lugares de “pasar” y de “estar”[5] en contraposición a la concepción de la calle como eje para el tráfico rodado y la plaza como espacio cívico contenedor de los servicios básicos, que tenía inicialmente estos proyectos de polígonos residenciales.

Sin embargo, la definición de estos lugares no se formaliza del mismo modo que en la ciudad tradicional. Si bien, tanto en La Mina como en Sant Ildefons  el trazado del espacio de la calle es lineal y el de la plaza es una geometría ortogonal, estos trazados no quedan regulados desde la altura reguladora, alineaciones, profundidades edificatorias o por la continuidad geométrica característica de la ciudad compacta y continua. En estos proyectos de reciclaje urbano, los límites del espacio quedan definidos por un patrón flexible basado en composiciones de piezas y contraposiciones volumétricas  que define una cierta compacidad física[6], donde el espacio urbano no depende de la forma final de estos límites.

En este sentido, podemos señalar que hay una comprensión de la ciudad contemporánea como una forma compleja en la que aparecen cada vez más elementos, materiales, sistemas constructivos, funciones, necesidades y programas. A través de una ordenanza flexible, se permite incorporar la multifuncionalidad y diversidad de los elementos, lo que conlleva una mejor adaptabilidad a los cambios en el tiempo[7].

Todavía hacen falta algunos años para conocer el resultado de esta forma de renovación de los tejidos de polígonos, pero esta línea de reflexión ya abre nuevos interrogantes sobre las formas de construcción de la ciudad y la relación edificio-espacio público. Si la buena imagen de la ciudad tradicional dependía en gran medida de la configuración del espacio público y privado, en estas estrategias de intervención el éxito queda comprometido con el “buen diseño del lugar colectivo”. Su cuidadoso ajuste se convierte en el soporte urbano de nuevas relaciones donde se desenvuelve la sociedad. Como apunta Solà-Morales, “el urbanismo es el diseño de calles y edificios es una afirmación obvia si se piensa a la antigua, y en cambio parece problemática en el tiempo presente. Sin embargo, la pura naturaleza de lo que el hecho urbano es como hecho físico, hoy tanto o más que antes, hace de esta simple interdependencia edificio-calle la base de la riqueza, variedad y dificultad del proyecto urbano”[8].

  

1] Jornet, S. Llop, C. Pastor, Joan E. La Mina, transformación urbana del barrio. Quaderns d’Arquitectura i urbanisme, nº 240, 2004, pp. 146-149

[2] Se combinan dados de 22×22, barras de viviendas pasantes de 15 y 10 metros y algunos elementos singulares y se dispone cada edificio a concurso para garantizar que sean arquitecturas sensatas y discretas. Jornet, S. Ibid.

[3] Dentro de cada núcleo, hay espacios centrales comunitarios pero tienen formas poco reconocidas, topografías complejas, urbanización muy fragmentada o un arbolado con poca presencia cit. En Corominas, M. Piñon, H. Memoria del Plan director del barrio de Sant Ildelfons de Cornellà, 2007

[4] Las nuevas piezas combinan torres rectangulares entre 8 y 17 plantas, torres rectangulares de 17 o 21 plantas y bloques lineales de 5 plantas. Ibid.

[5] En la cultura mediterránea, nuestra memoria colectiva asocia la calle y la plaza a los lugares de encuentro que funcionan. Como apunta Jordi Borja, en la ciudad lo primero son las calles y las plazas, los espacios colectivos. Luego vendrán los edificios y las vías. El espacio público define la calidad de la ciudad, porque indica la calidad de vida de la gente y la cualidad de la ciudadanía de sus habitantes. En  “En Barcelona, la ciudad es la calle” Boria, J. El espacio público, ciudad y ciudadanía. Diputació de Barcelona, Xarxa de Municipis, Electa. 2003

[6]Concepto cit. en Corominas, M., Sabaté, J., Sotoca, A. Plans molt especials, Barcelona. Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, Demarcació de Barcelona, 2005.

[7] En la Mina, hay manzanas que en su resolución final se han construido cuatro bloques en lugar de los tres previstos. En otras se ha cambiado la disposición de los bloques.

[8] Solà-Morales, M. “Otra tradición moderna” (1987). En De cosas urbanas. Barcelona: Gustavo Gili, 2008

 

Bibliografía

Corominas, M. Sabaté, J. Sotoca, A. Plans molt especials. Barcelona. Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, Demarcació de Barcelona, 2005.

Corominas, M. Piñon, H. Memoria del Plan director del barrio de Sant Ildelfons de Cornellà, 2007

Ferrer, A. En Els Polígons de Barcelona. L’habitatge massiu i la formació de l’àrea metropolitana. Barcelona, Edicions UPC, 1996

Jornet, S. Llop, C. Pastor, Joan E. “La Mina, transformación urbana del barrio”. Quaderns d’Arquitectura i urbanisme, nº 240, 2004, pp. 146-149

Sainz-Gutiérrez, V. Repensar la vivienda, reinventar la ciudad. La transformación del barrio de la Mina. En Proyecto, Progreso, Arquitectura. Nº5 “Vivienda colectiva: sentido de lo público” Noviembre 2011. Universidad de Sevilla.

Solà-Morales, M. De cosas urbanas. Barcelona. Gustavo Gili, 2008.